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Respuesta de la CCPEMS a los dichos de la Ministra de Educación de CABA

 

Respuesta de la Comisión de Carrera de los Profesorados de Exactas-CCPEMS a los dichos de la ministra de CABA, Soledad Acuña

 

Desde la CCPEMS queremos manifestar un profundo rechazo a los dichos de la ministra de Educación de CABA, Soledad Acuña, el 8 de noviembre de 2020 durante la participación en el programa "Un café con Iglesias".

 

Nos interesa problematizar las afirmaciones de Acuña ante una doble preocupación: que sea la ministra de Educación de la CABA quien se expresa de esa manera y, teniendo en cuenta que lo hace desde un lugar de mucho poder e influencia, que sus palabras permean el sentido común de una parte de la población. Es por ello que queremos aportar a una discusión crítica para desentramar qué hay detrás de sus palabras.

 

En primer lugar, Acuña afirmó que les docentes provenimos de sectores cada vez más pobres. Aunque esto fuese cierto, es preocupante la falta de problematización con la que lo dice, en tanto ministra de Educación. En particular porque lo menciona como una manera de desprestigiar la carrera docente y, además, sin hacerse cargo de que esas condiciones materiales son en parte producto de su propia gestión, en la que el salario de les docentes es cada vez más bajo. 

 

Pero lo que es más grave aún, es que aseguró que el “capital cultural” y las experiencias de los sectores más bajos no enriquecen las aulas. El término “capital cultural” fue acuñado por el sociólogo Pierre Bourdieu, quien puso en evidencia que la cultura valorada en las escuelas (en la que se incluyen las formas de hablar, de vestirse, los hábitos, los intereses, las actividades de tiempo libre) se presenta como neutral, como la única posible, cuando en realidad es una cultura, la de la clase dominante. Bourdieu piensa el sistema educativo de manera crítica, como un reproductor de las diferencias sociales; de ninguna manera puede usarse el concepto de “capital cultural” para desvalorizar a une docente o une alumne, más aún cuando desde 1983 a la fecha se espera que une ministre de educación conciba el sistema educativo como un instrumento democrático de superación y no de reproducción de desigualdades sociales.

 

Pensando en la Ciudad de Buenos Aires, es la cultura blanca, de clase media-alta, eurocéntrica aquella que la ministra presenta como “enriquecedora” de las aulas. Estos dichos proponen excluir a las otras culturas de sectores de clases medias-bajas, bajas o la cultura villera, cuyos poseedores no encontrarán que sus códigos sean bienvenidos en las escuelas, y por lo tanto tendrán mayor probabilidad de ser excluides de estas. De esta forma, se incentiva a establecer un orden único de conocimiento eurocéntrico privilegiado que organiza la escuela en donde la idea de progreso está dada de la mano de la cultura blanca-europea. Antonio Gramsci hace referencia a la hegemonía cultural, mediante la cual la realidad cultural (creencias, valores, explicaciones y percepciones) es dominada por una clase social, estableciéndose, de esta manera los patrones de validez universal. La idea expulsiva que propone la ministra es coherente con las políticas que lleva adelante su ministerio. En particular podemos mencionar cuando, ante el pedido de los sectores vulnerados para tener acceso a internet y dispositivos durante el ASPO, el ministerio propuso que estas personas fueran a las escuelas para poder conectarse con el riesgo para su salud que ello implicaba. 

 

Cuando la ministra sugiere que los aportes de les docentes provenientes de los sectores más bajos empobrecen el aula, está negando el valor de la diversidad cultural. De esta manera, se hace explícita la instauración de un proceso implícito mediante el cual las personas portadoras de culturas no hegemónicas dentro del aula escolar se ven obligadas a aceptar un modelo cultural ajeno que las oprime, desnivelándolas (en todo sentido) de manera evidente por su cultura de pertenencia. Este hecho, las fuerza a reacomodar las escenas de su vida cotidiana escolar para estar insertas en la estructura social y cultural de los dominantes. Paulo Freire describe la invasión cultural como extensión, una actitud contraria al diálogo, el cual es la auténtica base de la educación. La dialogicidad y antidialogicidad son teorías de acción cultural antagónicas, siendo la primera liberadora y la segunda opresora. Esto se debe a que la primera es colaborativa y su praxis se da organizando y uniendo a les intervinientes, fomentando la síntesis cultural. Mientras que la antidialogicidad divide, conquista y manipula produciéndose así la invasión cultural. Aunque no le guste a la ministra, la ciudad somos todas las personas: las más ricas, las pobres, las clase-media, las villeras… y ninguna cultura vale más que otra. Nos preocupa que frente al gran desafío de incluir que tenemos en las escuelas, la ministra incite con su discurso a la exclusión, la negación cultural y en particular la aporofobia. Siendo que el compromiso verdadero incluye la transformación de la realidad en la que se encuentran las culturas oprimidas dentro del aula escolar, convirtiéndolas en protagonistas en dicho proceso  y este se da mediante el diálogo verdadero sin engaños o falsedades, permitiendo que actúen como sujetos.

 

Párrafo aparte merece la burda separación entre procesos de enseñanza y de aprendizaje que plantea la ministra. Si bien las ciencias de la educación hoy consideran que enseñanza y aprendizaje son procesos separados si los pensamos como un sistema causa-efecto, en el mismo acto nos advierten que ambos procesos están indisolublemente unidos y que es imposible concebirlos escindidos; no podemos dejar de mirar uno para mirar el otro, como nos propone la ministra, ya que enseñar sin tener presente que lo hacemos con la firme intención de que nuestres alumnes aprendan carece de sentido.

 

No queremos pasar por alto cómo en esa videoconferencia motiva a las familias a denunciar a docentes “que bajan línea”, “que militan”, “que distorsionan la realidad”. ¿Qué significa eso? ¿A quiénes tienen que denunciar las familias? A lo largo de su discurso estigmatiza a les profesores “de izquierda”, “sobreideologizades”. No podemos evitar evocar uno de los períodos más oscuros de nuestra historia como fue la última dictadura cívico-militar y al documento “Subversión en el ámbito educativo: conozcamos a nuestro enemigo” que se repartió en todas las instituciones educativas justamente para identificar docentes “marxistas”, “de izquierda”, “que hablen de participación”, entre otras … ya sabemos cómo continuó esa historia. Produce escozor notar, ante la relectura del documento y la atenta escucha de la voz de la ministra, como ambos discursos se intersectan en el mismo campo semántico.

De ninguna manera vamos a aceptar algo similar, de ninguna manera vamos a aceptar que se vigilen y repriman nuestras aulas. Como docentes, y profesionales que formamos docentes, apostamos a expresarnos libremente, en toda nuestra diversidad de opiniones e ideologías. Toda educación es política, incluso la que propugna la ministra. Y el mayor daño que podemos hacerle a la educación es no transparentar eso, es fingir neutralidad, es no hacernos cargo del lugar de enunciación que tenemos como docentes. 

 

En la misma línea de avasallamiento de normas elementales de convivencia democrática, a la ministra parece molestarle que una directora tome sus decisiones en función del Estatuto, ley que regula el trabajo docente, por sobre las directivas ministeriales. Este malestar de la ministra lo único que evidencia es que habría instrucciones ministeriales que contradicen la ley; de no ser así, ninguna directora se vería en la disyuntiva que Acuña plantea.  

 

Finalmente, si la ministra cree que la educación que se imparte tiene tantos aspectos deficientes, no hace más que admitir su fracaso, ya que hace 12 años que la gestión de gobierno a la que representa está en funciones. Exigimos al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que arbitre los medios para que, en lugar de ofender con análisis simplificados, reduccionistas y acientíficos de la realidad educativa, se invierta en mayor presupuesto, se aumenten los salarios de les docentes, se mejoren las condiciones edilicias y los recursos de los establecimientos educativos, y que se cese en la arremetida contra un Sistema Educativo que, muy a pesar de la actual ministra, aún enseña. 

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